Dulce muerte

Nunca entenderás lo que yo le quise y el por qué me fui. Me fui porque murió. Pero no murió de forma literal, murió su esencia, su ser. Murió la perfección que yo admiraba. Murió mi orgullo por él aunque se mantiene con su recuerdo.

Intente quedarme pero comprendí que no pasar el duelo podía ser patológico. No se puede vivir junto a un muerto. Es peligroso.

Aún así yo le conocí, le conocí como poca gente pudo afirmar que lo hizo. Quizás nadie.

Encontré todas sus manías, sus ilusiones y sus sonrisas.

Me aprendí de memoria su forma de mirar, de suspirar, de respirar en cada momento. Las adoraba.

Sabría reconocer hasta su forma de soñar por las noches, de tantas que pasamos juntos; aunque juraría que no suficientes.

No tengo nada más que explicar, que me fui y punto. Pero no de forma literal. Se fue mi ser, mi esencia.

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